Millones de mujeres en México viven con miomas uterinos sin saberlo. Y muchas de las que sí los conocen, asumen que la cirugía es su única salida. Este artículo existe para cambiar esa creencia. Si en alguna ocasión has sentido que tu período menstrual es demasiado abundante, que tienes presión o dolor pélvico sin explicación, o que tu vientre se siente más pesado de lo normal, es posible que estés experimentando síntomas relacionados con los miomas uterinos, uno de los tumores benignos más frecuentes en mujeres en edad reproductiva.
La buena noticia: entender qué son, cómo se detectan y qué opciones de tratamiento sin cirugía existen hoy en día puede cambiar completamente tu perspectiva y tu calidad de vida.
¿Qué son exactamente los miomas uterinos?
Los miomas uterinos —también conocidos como fibromas uterinos o leiomiomas— son crecimientos benignos que se forman en el músculo del útero. No son cancerosos, pero eso no significa que sean inofensivos cuando generan síntomas que afectan tu día a día.
Pueden ser tan pequeños como una semilla o tan grandes como una pelota de tenis. Pueden aparecer uno solo o en múltiples sitios al mismo tiempo. Y dependiendo de su tamaño, número y ubicación, los síntomas varían considerablemente de una mujer a otra. Se estima que un 70% de las mujeres desarrollan miomas antes de los 50 años.
Una de las razones por las que los miomas pasan desapercibidos durante tanto tiempo es que muchas mujeres normalizan síntomas que en realidad son señales de alerta. Por ejemplo, el sangrado menstrual abundante o irregular puede manifestarse cuando el período dura más de 7 días, cuando es necesario cambiar la toalla o tampón cada hora durante varias horas seguidas, o incluso cuando hay sangrado entre ciclos. Esto podría estar relacionado con la presencia de miomas submucosos que alteran el revestimiento del útero.
También es común experimentar dolor o presión pélvica. Esa sensación de pesadez en la parte baja del abdomen o el dolor durante las relaciones sexuales muchas veces se atribuyen al estrés o a la tensión, cuando en realidad pueden tener un origen físico claro: miomas que están presionando estructuras cercanas.
En otros casos, pueden presentarse dificultades para orinar o estreñimiento. Los miomas de mayor tamaño pueden comprimir la vejiga o el intestino, lo que genera urgencia urinaria frecuente, dificultad para vaciar completamente la vejiga o incluso estreñimiento persistente.
Finalmente, el abdomen distendido es otro signo que no debe ignorarse. Algunas mujeres describen sentirse como si estuvieran embarazadas sin estarlo, y esto puede deberse a un aumento en el tamaño del útero causado por los miomas, lo que modifica de forma visible el contorno abdominal.

¿Cómo se diagnostican los miomas uterinos?
El diagnóstico de los miomas es relativamente sencillo y no invasivo. En la mayoría de los casos se realiza mediante ultrasonido pélvico, que permite visualizar el útero con claridad, identificar el tamaño, número y localización de los miomas.
En algunos casos, el médico puede solicitar una resonancia magnética (RM) para obtener imágenes más detalladas, especialmente si se está evaluando un tratamiento específico o si hay dudas sobre el diagnóstico diferencial. Lo que es importante recordar es que el diagnóstico temprano amplía significativamente las opciones de tratamiento disponibles.
Opciones de tratamiento: ¿por qué la cirugía ya no es el único camino?
Durante décadas, la respuesta médica más común ante los miomas sintomáticos fue quirúrgica: miomectomía (extirpación de los miomas) o, en casos más severos, histerectomía (extirpación del útero). Ambos procedimientos, si bien efectivos, conllevan riesgos propios de cualquier cirugía, tiempos de recuperación prolongados y, en el caso de la histerectomía, la pérdida definitiva de la fertilidad.
Hoy, la medicina intervencionista ofrece una alternativa que ha demostrado ser segura, efectiva y mucho menos invasiva: la embolización de miomas uterinos (EMU).

¿En qué consiste la embolización de miomas?
La embolización de miomas es un procedimiento mínimamente invasivo realizado por un radiólogo intervencionista. A través de una pequeña punción en la ingle o la muñeca, se introduce un catéter delgado que se guía mediante imágenes de rayos X hasta las arterias uterinas. Una vez ahí, se liberan pequeñas partículas que bloquean el flujo sanguíneo hacia los miomas. Sin sangre, los miomas se encogen gradualmente haciendo que los síntomas mejoren y el útero permanece intacto. El procedimiento se realiza con sedación consciente, no requiere anestesia general y la mayoría de las pacientes regresan a sus actividades cotidianas en 5 a 7 días, comparado con las 4 a 6 semanas de recuperación de una cirugía abierta. ¿Quieres saber si eres candidata para la embolización? En Miomas Sin Cirugía, somos el centro número 1 en México especializado en este procedimiento. ¡Agenda tu consulta!







